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| Visión Por Julián Santos Torroella |
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El historiador Enrique Krauze afirma (Reforma 24.07.11)
que el nuevo orden democrático que, con todas sus fallas, conquistamos
en el año 2000, está diseñado para superar estructuralmente
la tipología: no puede evitar que aspire o llegue al poder alguien
sin verdadera vocación, pero debería impedir que un político
ejerza el poder de manera omnímoda y discrecional, y debería
lograr que se vuelva institucional el ejercicio mesurado y racional del
poder. En diciembre de 2006, subraya Krauze, existía otra opción
de fortalecimiento: integrar el gobierno plural de unidad que (Felipe
Calderón Hinojosa) había anunciado en la campaña.
Pero –subraya el historiador- la biografía panista de Calderón
pesó más que su pragmatismo. Si ahora –concluye Krause-
el Presidente impide (o se percibe que impide) la elección abierta
del candidato panista, el bastón (de mando) le quemará las
manos.
En la misma vena, la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) no solo no digiere el nuevo orden democrático, sino que le indigestan los principios básicos dela democracia: discutir ideas, debatir propuestas, disentir, proponer, cambiar. Para la dirigencia nacional del PRI, lo mejor sería –como siempre lo hizo el tricolor en el poder- nominar desde la cúpula a un candidato de unidad para la elección de 2012 y evitarse el riesgo de una elección abierta. Como se sabe, en el partido tricolor hoy existen dos diferentes corrientes: la que apuesta al proyecto programático con visión del futuro, que defina claramente para que quiere el PRI llegar a la Presidencia de la República (encabezada por el senador Manlio Fabio Beltrones Rivera) y la que confía en el carisma del candidato impoluto (encabezada por el gobernador Enrique Peña Nieto). Sin embargo, la dirigencia nacional tiene la piel muy delgada yes repelente al juego democrático; rechaza debatir públicamente y discutir por qué y para qué quieren ganar la Presidencia. ¿Para qué un debate, si existe el dedazo y la cargada?¿Para qué disertar abiertamente? ¿Para qué discutir ahora los problemas que vive México? ¿Para qué analizar las ventajas comparativas y propuestas de los precandidatos? ¿Para qué complicarse la vida, si para eso hay un Consejo Político Nacional que vota en y por la unidad? La democracia le incomoda a la dirigencia nacional del PRI y califica como deslealtad el disentir, señalan como traidor al que discrepa. Si alguien quiere competirle al candidato de unidad impoluto, traiciona; en el PRI es una tradición sancionar con severidad las traiciones. Al canto, una estampa: en el final sexenio de José López Portillo, el entonces director de PEMEX, Jorge Díaz Serrano –amigo cercano del presidente-, pretendió infructuosamente disputarle la candidatura presidencial al favorito de Los Pinos: Miguel De la Madrid, secretario de Programación y Presupuesto. Al arribar De la Madrid a la presidencia de la República, ordenó encarcelar a Díaz Serrano. Así entre Barack Obama y Hillary Clinton –mencionan los analistas como ejemplo democrático de vanguardia-, se dio una batalla electoral durísima por la candidatura demócrata. Al día siguiente del triunfo de Obama, se dieron la mano. Él está hoy en la Casa Blanca. Ella es la secretaria de Estado. La diferencia es que ellos no tuvieron a un dirigente nacional de partido que se asustara ante la diversidad, el debate público, la competencia o llamara desleal a alguno por disentir del rival político. A pesar del triunfalismo anticipado que expresa el PRI, en los procesos electorales democráticos no todo es miel sobre hojuelas. Aun y cuando las mediciones sobre la intención del voto hoy favorecen al PRI con una holgada ventaja sobre el PAN y PRD, hace seis años el candidato del PRD (AMLO), arrancó la campaña presidencial con una similar considerable ventaja, que en la recta final perdió. Asimismo, resulta una fantasía extrapolar los resultados de la reciente elección de gobernador del Estado de México (en la que el PRI arrasó) y afirmar que los resultados se repetirán en idéntica forma en la elección presidencial del próximo año: hace seis años ganó Enrique Peña Nieto la elección de gobernador y el Partido Acción Nacional ganó la elección presidencial –con un gran número de votos que le dio a Vicente Fox el propio Estado de México-; y hace doce años, igualmente el partido tricolor ganó la elección de gobernador con Arturo Montiel Rojas y el PAN ganó la elección presidencial, también con un cúmulo de votos del Estado de México. Aciertan quienes aseguran que la elección presidencial de 2012 será diferente a las elecciones de gobernador del 2011: el entorno dará muchas sorpresas –vaya que las habrá; ya vimos la muestra- y surgirán sin duda mayor participación, pluralidad, competencia, competitividad y, la lucha por el poder será mucho muy animada (en un ambiente más movidito y calientito), habida cuenta de que el partido en el poder cuenta ahora con un presidente (de la República), experto en campañas presidenciales. Ahora bien, pasando a cosas más serias, más allá de los partidos, candidatos, elecciones, encuestas, estudios de opinión, mediciones y análisis de las preferencias e intenciones del voto, lo verdaderamente cierto es que la propuesta del senador Manlio Fabio Beltrones no se circunscribe solo a ganar la elección presidencial de 2012; con la visión que le caracteriza, el senador sonorense mira hacia el futuro (25 años), tanto de México, como el futuro de los mexicanos. Ante los lamentables e inhumanos hechos de sangre y asesinatos de todos los días y en todos los rincones del país, en los que han sido cruelmente masacrados decenas de miles de mexicanos –la mayor parte jóvenes- agobiados y arrinconados por el hambre, la pobreza extrema, el desempleo, la ausencia de oportunidades y expectativas de progreso, la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado, aunados a la impotencia e improvisación de instituciones, leyes, gobiernos y gobernantes, que fueron rebasados por el aluvión poblacional, resulta incuestionable que hay que analizar, debatir, discutir, prever y buscar las mejores propuestas, cambios y vías de solución para los próximos 25 años, como lo propone insistentemente el senador Beltrones a su partido(*); el desastre que sufrimos hoy en día los mexicanos, no es solo una lucha entre policías y ladrones, narcos o sicarios, o de ver quién es el responsable, quién tiene la culpa, quién pide perdón o si la estrategia funciona; no es así desafortunadamente, se trata de un problema de fondo mucho mayor y mucho muy grave: es el fracaso, la decadencia y la probable devastación de la sociedad. La prestigiada investigadora Edna Jaime, Directora General de México Evalúa,(edna.jaime@mexicoevalua.org 2011-07-30-EXCELSIOR),en su artículo: Construir una Visión de Futuro, afirma que si hace tres lustros nos hubiésemos dado a la tarea de pensar en el futuro, quizá pudimos haber anticipado lo que hoy vivimos. El ejercicio de proyectar tendencias presentes nos da la imagen de lo que el país será en algunos años. Hace 15 años –subraya Edna- sabíamos que estábamos a las puertas de una transición demográfica y que habría la oportunidad de transformar al país de raíz: miles de jóvenes se insertarían a la fuerza productiva y el perfil de capacidades de esos jóvenes determinaría sus oportunidades y el valor que añadirían a la producción nacional. Los niños de entonces, muchachos de hoy, debieron ser nuestra prioridad. El haber actuado entonces hubiera permitido no sólo cambiar el rumbo del país, sino también la historia de muchos mexicanos. A nuestro gobierno de entonces le faltó visión, destaca Edna. Hoy, continúa Edna, vivimos una crisis de seguridad por todo aquello que se desatendió en el pasado y seguramente tendremos un futuro desolador si extrapolamos 20 años adelante las tendencias del presente. La buena noticia es que no estamos predestinados al fracaso, como tampoco está escrito en piedra que en el curso de los años nos convertiremos en una nación exitosa. Está en nuestras manos-dice acertadamente Edna-, evitar un colapso, lo mismo que construir la prosperidad. Lamentablemente, los incentivos en la política mexicana promueven un anclaje en el corto plazo. No es posible extender el campo visual para adelante, pues lo que importa es ganar una elección cada tres años. Los gobiernos panistas –subraya Edna- han esgrimido un sinfín de razones para explicar el extravío de sus agendas. Y todas tienen verdad: Congreso sin mayoría, pulverización del poder, crisis económicas importadas, pero también es cierto que no ha existido determinación de su parte por vencer los límites reales y (también los autoimpuestos) al ejercicio de su poder. La política para ambas administraciones se ha circunscrito a la negociación o al intercambio con los pares. No ha existido un afán por abordar al ciudadano, por convencer de un proyecto y la defensa de una agenda. Cuánto más fácil hubiera sido para este gobierno vencer las resistencias legislativas políticas a muchas de sus iniciativas, de haber existido un ejercicio de comunicación eficaz, un acercamiento con el ciudadano, un liderazgo cercano a la gente que construye una visión de futuro tomado de la mano de la población. Los gobiernos albicelestes han guardado la misma o quizá más distancia que los priistas tuvieron con respecto al mexicano común, afirma Edna. Grandes lecciones dejan estas dos administraciones a sus sucesores, concluye Edna: La primera es que gobernar sin brújula deja al gobierno a merced de cualquier interés pero, más importante, gobernar alejado del ciudadano no hace sino reproducir un círculo vicioso en el que estamos atrapados, uno en el que impera el interés de corto plazo, y en el que no se asumen las consecuencias de las acciones. La única forma de vencer esta dinámica es precisamente trascendiendo el círculo de la clase política en el que se toman las decisiones en el país. Ojalá que después de todo haya un aprendizaje, finaliza Edna. Para ejemplificar lo dicho con una muestra, del jardín una flor: triunfalista como es su estilo, el dirigente nacional de PRI -ante la angustia, inseguridad, pobreza, desempleo, incertidumbre, desconfianza, crisis y pesimismo que vivimos todos-, en días pasados anunció con bombo y platillo que, uno de los grandes cambios que realizará el partido tricolor en 2012, al llegar a la presidencia de la República, será desaparecer la Secretaría de Seguridad y pasar la Policía Federal a la Secretaría de Gobernación. ¿Usted qué opina? santostorroella@yahoo.com.mx |
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